Infinitas gracias por los reconocimientos

Llegué a Canal Once una tarde de la segunda semana de noviembre de 1989, consciente de que ingresaba a un medio gubernamental infinitamente alejado de los estratosféricos costos, gastos y beneficios del estándar comercial.

Recuerdo que un editor fue por mi a la recepción para conducirme a la oficina del noticiario “Hoy en la cultura”, instalada en el segundo piso de un edificio anexo a las instalaciones originales, al que se llegaba agotando la distancia del pasillo principal y la de un corredor al fondo.

El aspecto prístino de las paredes blancas y el brillo de los mosaicos del piso, me hicieron suponer que estaba ante un espacio recientemente remodelado y pensé que, quizá, al pasar de algunos meses, podría ver el mismo espacio pero desgastado. Jamás he visto deterioro en las instalaciones, ni goteras, ni plagas, ni espacios oscuros o sin ventilación, el canal ha sido un espacio digno, 28 años separan al presente de aquel primer contacto.

Aunque entré con los arrestos que me dio el título de Licenciado en Comunicación egresado de la Universidad Autónoma Metropolitana, obtenido unas semanas antes, la verdad más absoluta es que aquí aprendí a hacer lo que se hacer y a ser quien soy. Un orgullo personal se sumaba a mi equipaje al llegar a Canal Once, poseer, certificado de locución o lo que algunos identificaban como “la licencia de locutor”.

Muchos intentaron certificarse, condición indispensable para desempeñar profesionalmente la función de locutor, sin embargo, además de solicitar el derecho a la certificación, había que aprobar un examen de opción múltiple, decían, de cultura general, entregaban una guía de estudio y los temas infinitos, Historia Nacional, Historia Universal, Geografía, etcétera, 100 preguntas. Hube de aprobar hasta la tercera oportunidad. Si el postulante no obtenía como mínimo 60 puntos, automáticamente quedaba inscrito para una segunda oportunidad tres meses después, si en esta dinámica llegaba sin aprobar al tercer examen, sólo tenía opción de solicitar por escrito una nueva oportunidad que ocurriría un año después.

Al examen escrito sucedía el examen oral sobre la Ley Federal de Radio y Televisión, examen de pronunciación de palabras extranjeras, prueba en cabina y una prueba -fuera de programa- impuesta por un sinodal, en el que cuestionaba sobre conocimientos generales, capitales del mundo, personajes de la actualidad y cuanto contenido se le ocurriera. Al primer intento pude acreditar aciertos suficientes.

Recién egresado de la carrera fui a probar suerte como locutor a la estación del Grupo Acir de Celaya, Guanajuato, hice una grabación a fin de que percibieran algunos matices vocales de mi capacidad y finalmente una persona de la estación con los modos agrestes de quien busca, no al que rompió la vajilla sino al que pagara los platos rotos, me dijo: “La persona que decide tu ingreso está de viaje en Japón, así que vuelve cuando el esté aquí”. Al salir de ahí me llamo el gerente de la estación con una pregunta sorpresiva ¿Qué decidiste? le comenté que debía regresar para ver si me quedaba, entonces dijo: “No, si tu me dices que te quedas, en este momento estás dentro”, ese momento cobró características apremiantes, solo se me ocurrió decir, algo que había oído: “Dicen que en Querétaro hay otra plaza de locutor”, entonces el gerente me propuso: “Ve allá, prueba y si no te convence, regresa”.

Mi aventura llegó hasta ahí, después de Querétaro, donde grabé otra prueba de voz para recibir la frase acostumbrada: “Ya tenemos tus datos, nosotros te hablamos”. Así, regresé a la ciudad de México.

En fecha muy próxima a esos días, una noche, me dijeron en mi casa, te hablaron por teléfono, dicen que te están buscando de una estación en Irapuato que quieren que vayas a trabajar allá. Después de hacer contacto,  estuve un par de días en terruños guanajuatenses, conocí programas y locutores, el puesto de locutor estaba disponible, la paga era tan poca que después de cubrir la renta de una recámara, dispondría de 5 pesos al día para desayunar, comer y cenar, la estrechez prevista y la lejanía de mi casa y mi familia, impulsaron el retorno.

Mi incipiente posibilidad de comenzar como locutor en radio en la estación Antonio Contreras de Irapuato se desvaneció. Vi de cerca el ejercicio profesional del comunicador, actividad que me atrajo, probablemente, desde los años en que cursé el bachillerato en el Colegio de Ciencias y Humanidades de Naucalpan ¿Por  qué razón? No lo se, pero quizá no haya que buscar mucho, estoy seguro que entonces como ahora disfrutaba la posibilidad del placer de decir, contenido útil para quien lo escucha.

El camino desplegado ante mi en Canal Once, me  ha llevado por las rutas del periodismo, principalmente en el terreno cultural, aunque la información general no me es ajena.

Desde luego ha habido posibilidades de hacer locución, durante 4 años fui voz institucional de esta emisora. Sin embargo, recuerdo bien lo que un locutor en Irapuato me comentó: “Los locutores de radio tienen un dinamismo que no siempre logran los locutores de televisión”. Si, el dinamismo de radio impone ritmos distintos. Hace años intenté, sin dejar la televisión, hacer radio con contenidos que conozco, logré hacer un programa semanal con algunas intermitencias hasta que finalmente el proyecto concluyó.

Mantengo la esperanza del gran retorno, sobre todo porque estoy convencido de la rotunda necesidad de un espacio informativo radiofónico acerca de las cosas que ayudan a satisfacer necesidades intelectuales y emotivas, además de las físicas, siempre será urgente por la utilidad que representa.

Hace algunas semanas, Javier Solórzano me invitó a hacer cada jueves una sección de cultura en su programa de radio, es de los grandes placeres de la semana, cuestión que le he agradecido personal y públicamente y lo seguiré haciendo, me abrió una puerta con una actitud gratamente generosa.

Un día antes de escribir esta columna, una llamada telefónica y un correo confirmaron la decisión de la Asociación Nacional de Locutores de entregarme El micrófono de oro como reconocimiento a mi trayectoria. Mi profundo agradecimiento siempre.

Curiosamente un mes antes la Asociación Civil Comunicadores Por la Unidad y las comisiones Especial para dar Seguimiento a las Agresiones a Periodistas y Medios de Comunicación y la de Radio, Televisión y Cinematografía, del Senado de la República; me informaron de su decisión de entregarme el Reconocimiento a la Trayectoria Profesional en Comunicación 2017.

Doblemente curioso es que las dos ceremonias son el mismo día. Suerte del destino, a distinta hora.

Removieron mis recuerdos, encendieron la intermitencia del vibrador del celular por los mensajes de felicitación de amigos, conocidos, familiares, parientes cercanos y lejanos, en general quienes siguen lo que hago, todos con amabilidad enternecedora que surge al saber que estoy pasando por un momento satisfactoriamente gustoso.

Todo en conjunto hace un abrazo emotivo que se disfruta con la sensación similar a la que dejan los hondos y enérgicos suspiros del espíritu.

Las felicitaciones y la entrega de los reconocimientos, los agradezco con las palabras de la memoria, escritas arriba en los renglones anteriores.

Muchas, muchas gracias.

Miguel de la Cruz

Author: Miguel de la Cruz

Miguel de la Cruz, el único periodista de cultura con una trayectoria de 28 años en televisión. Egresado de la Licenciatura en Comunicación por la Universidad Autónoma Metropolitana y colaborador de Canal Once desde diciembre de 1989 hasta la fecha. Tiempo en el que ha realizado la cobertura del Festival Internacional Cervantino, Festival del Centro Histórico, Festival de la Ceiba en Tabasco, Festival de las Artes de Sinaloa, Festival Afrocaribeño de Veracruz, Festival de Jazz de la Riviera Maya, Festival de Jazz de Montreal, la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, el Salón del Libro de Quebec, el Forum de las Culturas en Barcelona, la Expo Lisboa y ha entrevistado a personalidades del mundo cultural como Carlos Monsiváis, Carlos Fuentes, Fernando Benitez, Cristina Pacheco, Fernando Savater, Ricardo Piglia y Elena Poniatowska, entre otros. Durante 10 años formó parte del equipo de reporteros y conductores del primer noticiario cultural “Hoy en la Cultura”.

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