TENEMOS 8 MIL HORAS POR USAR

Si al año no se le dice año, es común referirse a este por la suma de sus días.

La síntesis más numerosa de su existencia, 365 días, resulta tan contundente que casi elimina como referente, posibilidades numéricas menores como los 12 meses o las 52 semanas.

Perspectivas distintas sobre la medida de tiempo más significativa entre las existentes.

Nadie celebra una hora de vida, un día, una semana o un mes, se celebra UN AÑO y a partir de ahí, los que vengan.

El año rige la organización de la vida y la memoria, será por eso que se le rinde el gran tributo, rito o festejo cada 31 de diciembre, el día en que el año cumple un año, pasa a la historia, lo despedimos renovándolo, ya que a partir de ese momento se convierte en otro.

Un acto tiránico que usa y desecha en función de controlar la cuenta de la vida.

Pero hasta donde se controlan las entrañas del año para que este periodo resulte, a final de cuentas más provechoso o evidentemente productivo.

Imaginen que el tiempo se otorgara cual combustible para vivir y todos tuvieran una cita los primeros días de los últimos meses del año, para solicitar tiempo de vida ante la inminente llegada de la noche vieja.

Quizá habrían casillas con la logística abarcadora parecida a la de las jornadas electorales, a fin de otorgar 365 días, es decir, 8 mil 760 horas, claro, sin garantía de disposición absoluta y efectivas a partir del 1 de enero del siguiente año.

La pregunta sería: Que hicimos con la misma cantidad de tiempo el año pasado? Que haremos con 525 mil 600 minutos este 2017?

Ponemos barreras al tiempo con los números del reloj y las hojas del calendario.

La relación tiempo-actividad no es sencilla, el aprovechamiento óptimo del tiempo disponible implicaría el cálculo minucioso de un especialista que desmadejara las acciones a realizar en los meses, semanas, días, horas y minutos.

Lo ideal sería que existiera un profesional del tiempo, diestro en la implementación de procedimientos óptimos para conocer las posibilidades productivas en lo profesional y afectivo de un ingeniero, un médico o un artista

Quizá sería infinitamente útil que un proyecto meticuloso del año, advirtiera lo trascendental de ciertas minucias aun en apariencia triviales, por ejemplo, las consecuencias de pasar inactivos sin razón ni sentido 10 o 15 minutos con cierta frecuencia en el día.

Y en el mismo sentido, las consecuencias de no darse a sí mismos la relajación, reflexión y ocio en intervalos semejantes.

Es probable que los cálculos específicos sobre el tiempo de vida nos enfrentaran a la vacuidad de una semana sin una cantidad concreta de resultados en la suma de intenciones cotidianas.

Eso de perder el tiempo es una realidad que no remite a una medida concreta y en esa nebulosa situación se pierde de vista la afectación real de no hacer nada.

Tímido impulso pudiera significar la sabiduría popular que dicta: No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy o al que madruga Dios lo ayuda.

Allá iremos después de una cena especial compartida entre familiares o amigos con el festejo encima y una carga de tiempo entre real y ficticia porque en el calendario marcamos el tiempo pero nadie tiene comprada la vida.

Author: Miguel de la Cruz | Cultura

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