Santanera Sinfónica migueldelacruzcultura.com

La bullanguera atmósfera de los días decembrinos, construye en detrimento del primer mes del año, una imaginaria cúspide que impide avanzar con facilidad en la realización de los quehaceres cotidianos. La movilidad de toda actividad, escasea de tal forma que cuesta concebir la posibilidad de descubrir en una triste cartelera cultural, algo distinto a los matices desérticos, infértiles y mortecinos. Enero del 2015, tenía todo para encajar en este perfil tradicional, sin embargo, una convocatoria cambió el panorama. Desde una de las mejores salas de concierto de Latinoamérica surgió el llamado para asistir a un ensayo de la Orquesta Filarmónica de la Universidad Nacional Autónoma de México. Si bien la actividad por sí misma ya representaba un remanso ante la ferocidad de la pasividad abundante, un factor extraordinario ofreció el atractivo particular que terminó por modificar el entorno. No se trataba de un ensayo normal de música clásica sino que a los músicos de la filarmónica se sumaban los integrantes de la Única Internacional Sonora Santanera. Agrupación creada en la segunda mitad de la década del 50 por el trompetista tabasqueño, Carlos Colorado, su idea fue convocar a varios jóvenes con el ánimo suficiente para hacer música festiva de calidad. Una canción definiría con exactitud la vocación del grupo, con tintes narrativos refería a un personaje de la Habana, famoso por sus dotes de bailarín a quien todos conocían por Panchito. Sin abundar en más detalles, la canción continuaba con un estribillo que destacaba un ritmo denominado La boa. La autoría de esta composición corresponde al yucateco Carlos Lico, un cantante mexicano, que alcanzó resonancia con la interpretación de canciones de su paisano, Armando Manzanero. La boa, constituyó la consolidación del proyecto de Carlos Colorado. Entre 1960 y 1961, la interpretación de este tema los puso en el oído de todos y se convirtió en el emblema musical de la Santanera hasta la fecha. Ahora los músicos de la OFUNAM compartían el escenario desde las 9 de la mañana con los músicos de la Sonora Santanera, binomio inimaginable en otros tiempos, reflejo fiel y aun casi imperceptible de una realidad innegable, el concepto de cultura se fortalece con sustanciosos aspectos que con mayor consistencia lo definen. No es la cultura referente exclusivo de las bellas artes sino referente de un proceso incesante que arranca tan pronto se requiere responder satisfactoriamente a impulsos físicos, intelectuales o emocionales. En pleno Centro Cultural Universitario y en su principal recinto de depuradas características acústicas, la necesidad a satisfacer, tendría relación directa con bailar, cantar o  escuchar. A más de uno se le habrá ocurrido como mera suposición, la posibilidad de que la música bailable de los santaneros, auxiliada por un habilidoso arreglista, proporcionara en el pentagrama la distribución adecuada de notas musicales que hicieran sonar sinfónicamente, canciones tan renombradas del repertorio santanero como Perfume de gardenias o Luces de Nueva York. La suposición se hizo realidad. Sin prejuicios, tan inútiles como estorbosos, que condenaran la presencia de una agrupación intérprete de música popular en una sala de concierto, el proceso fluyó con la naturaleza propia de una actividad absolutamente cultural. Así figuraron tres vocalistas al frente de los músicos y entre cuerdas, alientos y percusiones, los integrantes de la Sonora Santanera. Sesenta años han pasado desde su orígen y la posibilidad de tocar con la OFUNAM en su sede, significó uno de sus grandes festejos. La Santanera, especialista en ritmos bailables con canciones de amor, desamor y humorísticas, encontraron en el 2010 en Costa Rica la forma de fusionar lo mejor de su catálogo con el sonido sinfónico. Afortunado encuentro tuvieron con Bernardo Quesada, arreglista que con mucho oficio logró untar matices orquestales a las canciones mas representativos del grupo. Quesada es fanático de las canciones de la Sonora Santanera, cuenta que desde niño, en su natal Costa Rica, asistía en compañía de amigos a los conciertos de la Santanera, y al regresar caminando a sus casas, repetían a coro, sin saber lo que significaba, Bomboro quiña quiña, canción escrita por el comediante cubano, afincado en México, Jorge Zamora “Zamorita”. En realidad, el conjunto de palabras extrañas surge de la ocurrencia de “Zamorita”, se propuso conjuntar sonidos que dieran la idea de un lenguaje africano indescifrable, Bomboro quiña quiña, es eso y nada, o mejor aun, es la sustancia fonética y lúdica de una canción bailable. El arreglista  recuerda que su imaginación lo hacia suponer que Bómboro era un tipo de extraterrestre. El tiempo lo puso en los destinos de la Santanera y ahora al tener la oportunidad de escribir los arreglos orquestales de tan mencionada composición, estructuró las notas de tal forma que el sonido remitiera a una imagen majestuosa. . Así en la Sala Nezahualcóyotl, entre los múltiples momentos del concierto, sonaron de pronto notas que parecían describir el ambiente de una película del espacio o naves espaciales con una solemnidad monumental, de pronto, en un contraste inesperado, apareció el sonido del piano e instrumentos de aliento que con un desenfadado juego de ritmos motivaron la compañía de las palmas por parte del público.

La presencia simultánea de las formas sonoras orquestales sinfónicas y los matices de la instrumentación de la música asociada con el trópico, abrió la posibilidad de fomentar el encuentro, en un mismo sitio, del público que acostumbra asistir a los conciertos de música clásica con el público que acude a los salones de baile popular. El resultado es que los pasillos de la Sala Nezahualcóyotl se poblaron de bailarines e incluso, los mismos músicos experimentaron rutas melódicas ajenas a sus habituales ritmos. Dos conciertos con sala llena y a beneficio de enfermos de cáncer, ocurrieron en enero. Otras presentaciones han tenido el mismo derrotero sinfónico y este viernes 11 de diciembre con la misma fórmula musical se abrirá el Centro Regional de Arte, Cultura y Deporte “Las Américas” en Ecatepec.

Bien vendría un concierto navideño en una plaza pública con los matices sinfónicos que han revestido con fortuna a la Santanera, precisamente en los festejos por su ingreso a la tercera edad.

Miguel de la Cruz

Author: Miguel de la Cruz

Miguel de la Cruz, el único periodista de cultura con una trayectoria de 28 años en televisión. Egresado de la Licenciatura en Comunicación por la Universidad Autónoma Metropolitana y colaborador de Canal Once desde diciembre de 1989 hasta la fecha. Tiempo en el que ha realizado la cobertura del Festival Internacional Cervantino, Festival del Centro Histórico, Festival de la Ceiba en Tabasco, Festival de las Artes de Sinaloa, Festival Afrocaribeño de Veracruz, Festival de Jazz de la Riviera Maya, Festival de Jazz de Montreal, la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, el Salón del Libro de Quebec, el Forum de las Culturas en Barcelona, la Expo Lisboa y ha entrevistado a personalidades del mundo cultural como Carlos Monsiváis, Carlos Fuentes, Fernando Benitez, Cristina Pacheco, Fernando Savater, Ricardo Piglia y Elena Poniatowska, entre otros. Durante 10 años formó parte del equipo de reporteros y conductores del primer noticiario cultural “Hoy en la Cultura”.

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4 Comentarios

  1. ESTIMADO MIGUEL:
    MAGNÍFICO RECUERDO, RECIBE UN ABRAZO
    RAÚL RENÁN

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  2. Miguel, mil gracias por todo lo que compartes, más que excelente! Recibe un fuerte abrazo, un agradecimiento de parte del maestro Rodrigo Macías, director de la Orquesta Sinfónica Mexiquense, de Ciro Avila, responsable de las Relaciones Públicas de la OSM y nuestros mejores deseos para que el 2016 sea un muy buen año para ti, para tus seguidores y todos tus proyectos para difundir las actividades culturales en México.

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  3. Que bien describes lo que sucedió que solo imaginarlo es como si hubiera estado ahi.

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